domingo, 14 de enero de 2018

Cuando los jueces son el primer poder



Cuando los jueces son el primer poder

El actual embrollo catalán tiene muchas aristas y actores. Aquí me limito, exclusivamente, a la dimensión judicial, especialmente al Auto de los tres jueces del Tribunal Supremo, constituidos en Sala, del 5 de enero de 2018, denegando la libertad provisional a Oriol Junqueras. Su lectura me ha generado una seria preocupación por la deriva que está adoptando la democracia en España. Al final, en este caso, y no es el único con grandes consecuencias políticas, la decisión judicial resulta ser más relevante que lo que la población haya decidido después de unas elecciones del todo punto legales. Es el primer poder. Nadie tiene más poder en España que un juez, unos pocos jueces, en realidad. Hagamos un poco de historia. Historia reciente.

El poder de unos pocos jueces.

En junio de 2006 se aprobó en Catalunya, en Referéndum, con una mayoría próxima al 74% de los votos emitidos en una participación de casi el 49%, el texto aprobado en las Cortes Españolas, dos meses antes, texto reformado a la baja, del que salió en el Parlament de Catalunya con una abrumadora mayoría de casi el 90 % de sus miembros. Pues bien, el actual
problema catalán comenzó cuando el Partido Popular, haciendo caso omiso a la voluntad popular (hay que insistir en este punto) presentó al Tribunal Constitucional una demanda de inconstitucionalidad del Texto del Estatut aprobado por el pueblo catalán. Después de cuatro años de deliberaciones, los 10 magistrados del Tribunal Constitucional, tras votar por bloques, a veces con mayorías de 6 a 4 recortaron 14 artículos de un Estatut. Así una mayoría exigua de 6 a 4 miembros del Tribunal Constitucional tumbó una decisión refrendada por el pueblo catalán. Para quien suscribe, no solamente esto me parece un sinsentido absoluto, sino una grave deriva de uno de los principios básicos de la democracia: la soberanía del pueblo. Eso sí, en nombre de la ley.

El President de la Generalitat en 2010, el socialista José Montilla declaró que "el Tribunal Constitucional está lamentablemente desacreditado y moralmente deslegitimado". Añadió que Catalunya "es una nación" y consideró que "ningún tribunal puede jugar con los sentimientos ni con la voluntad" de los catalanes. Y convocó a una manifestación unitaria tras la "senyera", que tuvo lugar el 9 de Julio de aquel año 2010. En el diario “El País” se podía leer que “el recorte del Estatuto por el Tribunal Constitucional desembocó ayer en la manifestación más grande de la historia de la democracia en Cataluña. Decenas de miles de personas marcharon por el centro de Barcelona (425.000 según el cómputo de EL PAÍS a las 19.30; en un acto que vino a confirmar que cuatro años de rifirrafes en el Tribunal Constitucional sobre el Estatuto han actuado como una verdadera fábrica de soberanistas”.

Algo similar puede suceder ahora en Catalunya en la próxima constitución del Parlament, y del Govern. Unos ciudadanos que se presentaban, legalmente, a ocupar escaños en el Parlament de Catalunya, han sido elegidos. Aunque, algunos, no han podido defender convenientemente su candidatura: unos porque decidieron acogerse a la justicia belga, otros porque se encontraban encarcelados. Pero, pese a ser diputados electos, según el auto emitido por el juez Pablo Llarena el 12 de enero, algunos no podrían acceder al Parlament y algunos otros, Puigdemont entre ellos, si lo consiguen, inmediatamente serían detenidos. ¿Es que va a jugar al gato y al ratón, como, cuando el gobierno español hizo lo posible para que no pudiera votar el 1º de octubre y tuvo que cambiar de vehículo en el interior de un túnel, como en una película de buenos y malos, y, ahora, tratar de entrar en el Parlament, sin ser detectado, a lo Santiago Carrillo con una peluca o como Mas en un helicóptero?

No se ha profundizado suficientemente, aunque se haya repetido incesantemente, que las elecciones del 21 de diciembre de 2017 al Parlament de Catalunya, han sido excepcionales. Que un candidato a la presidencia de la Generalitat, ex president cesado por el presidente del gobierno de España, haga campaña electoral desde Bruselas, sea objeto de una eurorden de detención por la justicia española y que la misma justicia (aunque otro juez) la retire, temiendo no poder imputarle lo que le imputa, provisionalmente, la justicia española, pasará a los Anales de la Ciencia Política. Que otro candidato a la presidencia lo haga desde la cárcel, provisionalmente detenido, por riesgo de violencia, riesgo reiterado el 12 de enero para impedirle asistir al Pleno de constitución del Parlament, - cuando rara vez se han visto manifestaciones tan numerosas y tan pacíficas, bien distintas a las que tuvimos que padecer en Euskadi-  y cuando consigue pasar un mensaje, sea castigado por la Administración penitenciara, pasará a los anales de la ciencia jurídico procesal. No soy jurista, pero resulta difícil de entender que Puigdemont, Junqueras y Sánchez tengan, según la ley, derecho a presentarse a las elecciones, pero uno debe hacerlo por videoconferencia (porque si entra en España iría a la cárcel) donde están los otros dos, quienes se las ven y se las desean para hacer llegar sus mensajes, limitados por la ley. A mí me cuesta muchísimo entenderlo. Más aún, lo digo francamente, y es lo que origina este texto: me preocupa enormemente, pues veo una justicia en la que no veo que prime la Justicia. Voy a detenerme, más abajo, en un punto concreto, pero antes, un inciso sobre la prensa catalana.

Dos opiniones de la prensa de Barcelona

La edición digital de “El Periódico de Catalunya” del día 4 de enero de 2018, fecha en la que Oriol Junqueras compareció en el Tribunal Supremo, “El Periódico de Catalunya”, en su primera noticia, bajo el titular de “Esperando a Junqueras” comenzaba con esta frase: “El futuro de la legislatura catalana pasa este jueves por el Tribunal Supremo. A partir de las diez y media de la mañana, Oriol Junqueras intentará que tres magistrados estimen contra pronóstico su recurso y le permitan abandonar la cárcel de Estremera, donde cumple prisión preventiva desde el 2 de noviembre. Pase lo que pase, la decisión tendrá un peso determinante en las negociaciones que los partidos independentistas mantienen sobre la composición del Parlament y sobre la investidura de un nuevo 'president' “.

Tras su lectura envié unas líneas a un amigo periodista catalán que escribe habitualmente en “El Periódico” sugiriéndole que sería más correcta la noticia con un cambio en su titular: en vez de “Esperando a Junqueras”, habría de poner “Esperando a los jueces del Tribunal Supremo”.

Dos días después, el 6 de enero, ya conocido el auto de los tres jueces del Supremo, constituidos en Sala, el otro gran periódico catalán, “La Vanguardia” en su editorial escribía, en su segundo párrafo, que transcribo en su integridad lo siguiente: “La permanencia del republicano en la cárcel, pasados ya dos meses de su ingreso, no es una buena noticia. Es evidente que el proceso independentista, implementado en las infaustas sesiones parlamentarias del 6 y 7 de septiembre, cuando desde las más altas instancias de la Generalitat se quebró la ley, se acometió de modo erróneo. Es también evidente que el Estado central había advertido sobre los efectos que esta deriva tendría. Es obvio además que ni el Estado ni la judicatura van a relativizar la gravedad de aquellos hechos ni a tolerar que se repitan. Pero, dicho esto, merecen también atención quienes creen que se está haciendo un uso desproporcionado de la prisión preventiva. No suscribimos el tuit de ayer del cesado presidente Puigdemont, según el cual Junqueras y otros encarcelados son “rehenes”. Pero sí nos parece opinable la posibilidad de que Junqueras vaya a reincidir pronto. Porque no se dan las condiciones para reeditar el proceso. Porque Junqueras no ocupa ya los cargos públicos que tuvo. Y porque, dada la inminencia del juicio y las dificultades de JxCat y ERC para pactar su posible alianza, es impensable que Junqueras vaya a enredar más su caso”.

Que estos dos periódicos, en nada independentistas, pero sí buscando la ecuanimidad y una información ponderada a sus lectores, hagan los balances que hacen del ejercicio de la via judicial debiera hacer pensar a los jueces, a los políticos y a la prensa de Madrid. Pero me temo que sea pena perdida, aunque la historia será muy dura con ellos.

Unas frases del auto del Supremo del 5 de enero de 2018

¿De qué les acusan a los independentistas catalanes? De cosas muy serias: rebelión, sedición, malversación de fondos, actos de violencia y hasta de propiciarla, con sus planteamientos en las situaciones de violencia, “tumultuarias” escriben, y de no recuerdo que más incumplimientos de la Ley. Me centro y limito en adelante, por razones de espacio, y porque es una cuestión a la que soy muy sensible, a las acusaciones a los independentistas de violencia y de propiciarla. Transcribo, con extensión, para bien contextualizarlas, unas frases del Auto del Supremo:
 “El día 1 de octubre, previsto para la celebración del referéndum, el recurrente (Oriol Junqueras) y los demás partícipes, con su actuación previa, concretamente el recurrente en declaraciones públicas efectuadas el día 21 de setiembre, impulsaron a intentar abrir o mantener abiertos los locales donde estaba previsto que se hallaran los colegios electorales, y a depositar su voto, a un número altísimo de personas, a pesar de que ya conocían los graves incidentes producidos, entre otros en los días 20 (oponerse a registros en la Consejería de Economía) y 21 de setiembre, y de que sabían que los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, en cumplimiento de las leyes vigentes, tenían la obligación de impedirlo. En esa fecha, el recurrente sabía que si sus consignas relativas a la participación en el referéndum declarado inconstitucional y fuera de la ley por el Tribunal Constitucional, eran seguidas por sus partidarios, se produciría inevitablemente un enfrentamiento físico entre éstos y el Estado de Derecho, representado por los agentes policiales que defendían el cumplimiento de la ley, esencial en un Estado de esa clase. Constituye una conducta de extraordinaria gravedad incitar a varios millones de ciudadanos a que acudan a votar ilegalmente a sabiendas de que se van a encontrar necesariamente con la oposición física de los agentes policiales que, en representación del Estado de Derecho, van a actuar con el único fin de asegurar el cumplimiento de sus normas más elementales y de las sentencias del Tribunal Constitucional que han ordenado su cumplimiento. No solo porque la referida conducta supone prescindir de las reglas democráticas para intentar imponer por la fuerza (¿qué fuerza?, me permito interrumpir. La única fuerza que se ha sustanciado es la del 20 de septiembre, y en este punto aplaudo la resolución judicial) las propias ideas, sino también por el desasosiego y la intranquilidad que causa en la ciudadanía, dentro y fuera de Cataluña, que confía en el imperio de la ley, y por el elevado riesgo real de que se produjeran resultados lesivos mucho más graves de los que efectivamente se produjeron, lo que afortunadamente no ocurrió.”

Mis reflexiones tras la lectura del auto

Tras la lectura de este texto me quedo estupefacto.  Resulta que los responsables de la increíble actuación de la policía el 1º de Octubre, contra unos pacíficos ciudadanos que iban a manifestar sus opciones políticas, sin hacer daño a nadie, son exclusivamente los responsables políticos que les incitaron a votar. ¿Por qué la policía actuó como actuó, sabiendo que la votación era inválida, legalmente hablando? ¿Qué ley es esa, en la que, para hacer cumplir la ley, hay que agredir a ciudadanos indefensos y que, encima, los máximos guardianes de la ley, en su Auto, no tengan ninguna consideración hacia las víctimas?

En el argumentario del Auto se subraya el incumplimiento de la ley por parte de los independentistas catalanes. No seré yo el que defienda el incumplimiento de las leyes legales y legitimas. Con dos considerandos. La primera, que hay que cumplir todas las leyes. Lo que no es el caso. En Euskadi nos basta con recordar el incumplimiento de las trasferencias del Estatuto de Gernika, en más de un caso por la nula voluntad del gobierno de Madrid. Pero, además, el argumentario sobre la violencia en el Auto de la Sala del Supremo se nos antoja un cuento de hadas cuando aquí hemos tenido que soportar que nos griten a la cara “ETA mátalos” durante tantos años, antes de que la justicia moviera ficha.

La segunda, que la ley se aplique con proporcionalidad y contextualización, según el artículo 3º del vigente Código Civil, en el que se dice que “las normas se interpretarán según el sentido propio de sus palabras, en relación con el contexto, los antecedentes históricos y legislativos y la realidad social del tiempo en que han de ser aplicadas, atendiendo fundamentalmente al espíritu y finalidad de aquellas”. Sin embargo, hemos leído que fuentes de la Sala consideraban "altamente improbable" la excarcelación de Junqueras (…) con las consecuencias políticas que eso conlleva y que los magistrados conocen, pero que "son ajenas a la estricta función jurisdiccional". (El Periódico de Catalunya 01/01/18). Discrepo radicalmente de este razonamiento. En las decisiones judiciales, si se quiere que sean actos de Justicia, más allá de exquisitas disquisiciones en torno a la letra de la ley, no se puede, ni debe, no tener en cuenta, la terrible tensión en la que vive Catalunya, ni lo que la soberanía popular ha decidido en unas elecciones democráticas. No se trata, como se apunta en el Auto, correctamente, que el hecho de haber sido elegido suponga impunidad alguna, pero si proporcionalidad, mesura, contextualización de las decisiones etc., etc. Y yo no he visto nada de esto en el Auto de la Sala.

El ámbito judicial se mueve en parámetros muy concretos y limitados, a la postre, sesgados: valorar y juzgar si determinados actos, dichos o escritos se mueven en el marco de la letra de la ley. Y aquí dependemos de la lectura que el juez de turno, en su leal saber y entender, valore los actos, dichos o escritos que se les someta a su consideración. Será lo que juzgue, sin tomar en consideración, ni el contexto en el que han tenido lugar los hecho o dichos objeto de su valoración, ni tampoco las consecuencias de su decisión con tal de que su resolución la estime ajustada a derecho, esto es, a la letra de la ley. No discuto la honradez y profesionalidad de los jueces, sino el hecho de que viven en una torre de marfil, con lo que es imposible hacer justicia. Me recuerdan, a menudo, a los rabinos en el Talmud, que leen y releen los textos bíblicos y las interpretaciones que han dado sus predecesores creando monumentales disquisiciones que hacen las delicias de los expertos. Sospecho que algo así sucede con lo que se denomina la jurisprudencia: analizar, por estudiosos de la ley, los razonamientos que anteriores magistrados han dado a determinadas cuestiones, creando así precedentes, creando así jurisprudencia. 

A fin de cuentas, lo que se pretende es que Catalunya no se independice. Pues eso, y no otra cosa, es el auténtico problema: el temor a que se desgaje de España. La cuestión es política. No legal. No creo que Catalunya sea nunca un Estado soberano, pero, como no lo es, ya, España, aunque es algo más soberana que Catalunya. Pero España es cada vez menos España, cada vez menos ciudadanos con DNI español se dicen y sienten españoles y cada vez más rechazan decirse y sentirse españoles. ¡Vaya victoria la del nacionalismo español!

Donostia 14 de enero de 2018
Javier Elzo


(Una redacción muy resumida de este texto, se publicó en DEIA y en “Noticias de Gipuzkoa” el 13 de enero de 2018)

jueves, 11 de enero de 2018

Un obispo para el siglo XXI: el nuevo arzobispo de Paris. (en francés)



Un obispo para el siglo XXI: el nuevo arzobispo de Paris. Excelente entrevista (en francés)


Da gusto leer cosas tan sensatas en un arzobispo, de Paris nada menos, donde se aprecia cómo vivir la fe en el siglo XXI. Incluso cuando alguna opinión me chirria, no puedo pasarla por alto. Obliga a pensar y a cuestionarse. ¿Qué más se puede pedir?

P. D. Acabo de ver en la edición digital de "Le Monde" que la foto del arzobispo que, mi birria de blog, unido a mi incompetencia informática no reproduce, está en su portada. ¿Han visto Uds., algo similar en la prensa española?

JE
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Mgr Aupetit, archevêque de Paris : « Aujourd’hui le tabou n’est plus le sexe, mais Dieu »
Ancien médecin, Monseigneur Michel Aupetit a succédé le 6 janvier à André Vingt-Trois comme archevêque de Paris.
LE MONDE | 11.01.2018 à 06h33 • Mis à jour le 11.01.2018 à 08h18 |Propos recueillis par Cécile Chambraud
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Mgr Michel Aupetit, archevêque de Paris, lors de la Conférence des évêques de France, le 8 janvier.
Ecolier, il détestait passer au tableau et préférait de loin faire rire ses camarades. Nommé archevêque de Paris par le pape François le 7 décembre 2017 et installé dans cette fonction le 6 janvier, Mgr Michel Aupetit est de ce fait devenu le point de mire de nombreux catholiques. Si en théorie l’évêque de Paris est un évêque parmi les autres, il occupe en pratique une place éminente dans l’Eglise catholique.
A 66 ans, lui qui « n’aime pas trop être exposé » sera désormais l’une des voix les plus écoutées de cette institution. Cet ancien médecin, entré au séminaire à 39 ans et devenu évêque de Nanterre en 2014, succède à MgrAndré Vingt-Trois.
Vous avez exercé pendant onze ans comme médecin généraliste avant d’entrer au séminaire. En quoi cette vie de laïc influence-t-elle votre approche de prêtre ?
Laïc, j’étais ce que l’on appelle dans l’Eglise un « consommateur ». Je rentrais chez moi à 22 heures le soir et j’étais donc assez peu investi dans la vie de l’Eglise. C’est mon péché ! Quant au reste, la médecine m’a appris à aimer les gens indépendamment de ce qu’ils sont. Quand vous êtes médecin, vous soignez des gentils et des pas gentils, toutes sortes de gens.
Cela vous ouvre à tous, et l’Eglise est ouverte à tous. On ne demande pas leurs papiers ou leur certificat de baptême aux personnes qui entrent. L’hiver, les SDF viennent se réchauffer, on les laisse tranquilles. D’autres viennent simplement pour avoir un temps de repos et de silence. Il n’y a pas beaucoup de lieux comme ça où on peut se poser, gratuitement, paisiblement. Et la médecine m’avait déjà appris ça : accueillir de manière inconditionnelle les personnes qui frappent à votre porte.
Vous avez grandi dans une famille où la pratique religieuse n’était pas la règle. Cela vous donne-t-il une vision particulière de la transmission religieuse ?
C’est assez étonnant, car cela ne m’a jamais vraiment troublé. Ma maman était une femme de foi, elle allait à la messe assez souvent, pas forcément avec moi. Mais je sais qu’elle avait profondément la foi et je voyais l’influence que ça pouvait avoir dans sa vie. Alors que, du côté « mâle », on était plutôt incroyant. Mes amis non plus ne pratiquaient pas. Donc j’ai longtemps vécu ma foi de manière isolée.
La transmission, je pense qu’elle s’est faite par la prière. Car dans la prière, on apprend à parler à Dieu. On entretient une relation. Alors que dans une relation de catéchisme, on apprend à parler « de » Dieu, c’est intellectuel. La seule chose que ma mère m’a apprise, c’est le Notre Père et le Je vous salue Marie. A partir de ces deux prières, j’ai appris à parler à Dieu. Mais en secret : personne n’en savait rien.
Quand j’ai quitté mon cabinet de médecin, j’ai dit pourquoi à mes patients. Plusieurs m’ont alors confié qu’ils priaient matin et soir depuis trente ans sans même que leur femme le sache ! Je me suis rendu compte que beaucoup de gens ont une vie spirituelle, mais ne le montrent pas. Il y a spontanément chez l’être humain cette propension à entrer en relation avec une transcendance.
L’accueil des migrants est un sujet qui mobilise ou qui trouble les croyants. Que leur dites-vous à ce sujet ?
C’est un sujet difficile. A Nanterre, j’ai relayé dès le lendemain l’appel du pape François [afin que les paroisses accueillent des réfugiés, en septembre 2015]. J’ai été étonné des réponses positives immédiates. Des gens ont mis à disposition un appartement, d’autres ont accueilli quelqu’un dans leur pavillon, des écoles catholiques ont ouvert leur porte avec la cantine gratuite, des professeurs de français se sont mis à disposition. Ces gens étaient en danger de mort.
Il y a peut-être une différence dans l’accueil de gens qui sont dans une situation de détresse absolue, pour qui on ouvre toutes les portes, et ceux qui viennent pour des raisons économiques. Là, ça passe effectivement moins bien au niveau des fidèles. Notre réflexion se base sur deux principes. Le premier, évangélique, c’est l’accueil inconditionnel des personnes. Le second, c’est le principe du bien commun : comment faire pour que chacun puisse trouver sa place, mais en pensant à tous les autres ? C’est à l’articulation des deux principes que se situe la crête, qui n’est pas facile à trouver. C’est pour cela qu’il peut y avoir des conflits.
Une partie des catholiques craignent la venue de migrants en trop grand nombre. Les évêques doivent-ils parler plus clairement ?
Il y a une crainte de l’insécurité culturelle. Lorsque j’étais médecin à Colombes [Hauts-de-Seine], au départ, dans les cités, les gens vivaient très bien ensemble. On ne regardait pas qui était musulman ou chrétien. On se rendait des services entre personnes. Aujourd’hui, c’est ghettoïsé. Les mairies tentent de favoriser la mixité sociale, mais on est quand même très engagé vers le communautarisme.
Un imam m’a dit : « On n’a plus de contrôle sur nos jeunes, ce n’est plus nous qui les formons à la religion. Ils vont se former ailleurs. » Ailleurs, c’est sur Internet. Il y a là une vraie question à prendre à bras-le-corps. Nous avons des religieux et des religieuses dans les cités. Peu nombreux, mais reconnus comme tels. Ils essaient de faire du lien entre les personnes. Mais c’est vrai qu’il y a des zones de non-droit absolu, avec des choses terribles, où la police ne peut pas intervenir.
Les catholiques sont-ils désormais une minorité religieuse en France ?
Beaucoup de gens se disent catholiques même s’ils ne fréquentent pas l’Eglise. Qu’est-ce qu’un catholique ? Quelqu’un qui pratique ? Ou qui se reconnaît dans cette religion, car il est né dans cette culture, qu’il fait siennes les valeurs évangéliques, alors que son rapport à Dieu ou à l’Eglise est plus que ténu ? Qu’est-ce que cela veut dire ? Moi, je n’en sais rien, je laisse cela à Dieu. Si on ne compte que ceux qui pratiquent, les catholiques sont incontestablement une minorité. Beaucoup sont investis sur des questions de solidarité, pas forcément avec l’étiquette « catholique », mais ils le sont quand même au nom de leur foi.
Comment s’adresser à ces « catholiques culturels » ?
S’ils se disent catholiques, c’est qu’il y a quelque chose, et il faut respecter ce quelque chose. Ils espèrent. Il ne faut pas éteindre la mèche qui brûle encore un peu. Comment essayons-nous de répondre à cette soif ? Parfois, à la fin de la messe, des gens venaient me voir pendant plus d’une heure pour me demander une bénédiction car l’un de leurs proches était malade ou leur conjoint les avait quittés… Pour répondre à cette souffrance, j’ai organisé à la cathédrale de Nanterre une grande prière de guérison et de délivrance. C’était plein ! Il y avait tous les milieux sociaux. Sommes-nous à l’écoute des attentes des gens, de leurs souffrances ? Plutôt que de leur proposer un produit fini, il faut être à l’écoute de leur soif, qui est aussi spirituelle.
La « guerre des laïcités » traduit-elle selon vous un rejet du religieux en général ou une méfiance envers l’islam ?
Mes deux grands-pères étaient anticléricaux jusqu’au bout des ongles, je connais donc un peu le système. Deux formes de laïcité sont aujourd’hui défendues. Celle de Jean-Louis Bianco [président de l’Observatoire de la laïcité] et d’Emmanuel Macron, qui doit permettre à chacun de pratiquer sa religion. L’autre, c’est celle d’une religion assignée à la sphère privée, qui ne doit apparaître nulle part.
La société française est divisée. La question de l’islam fait peur, à cause des attentats et de certains discours qui affirment que la France va devenir une terre d’islam – on retrouve la question de l’insécurité culturelle. Mais nous avons vécu dans le passé d’autres insécurités culturelles ! Sainte Geneviève, patronne de Paris, vivait à l’époque d’Attila et de Childéric, roi des Francs. Les Germains et les Francs qui arrivaient n’étaient pas du tout dans la culture gallo-romaine ni dans la culture chrétienne. C’était une transition colossale. L’Eglise, alors, a privilégié la culture évangélique, quitte à sacrifier la culture romaine. Cette période, bien pire que la nôtre, a aussi fait ce que nous sommes.
Comment l’Eglise catholique abordera-t-elle les Etats généraux de la bioéthique, qui s’ouvrent le 18 janvier ?
Notre contribution doit toucher les intelligences et les cœurs. Ce qui se joue, c’est la question d’une société humaine. Le progrès technique, c’est très bien, mais c’est l’éthique qui nous dit ce qui est juste dans l’utilisation de ce progrès technique. Les questions les plus importantes porteront sur l’intelligence artificielle et la robotisation. Qu’est-ce qui distingue une intelligence artificielle d’une intelligence humaine ? Qu’est-ce qui fait que nous sommes humains ? C’est là-dessus que doit porter la réflexion. Ce qui distingue l’humain, c’est la capacité à intégrer la fragilité. C’est que nous sommes solidaires des plus faibles. Le code d’Hammourabi, la première loi écrite que nous connaissions [datant du XVIIIe siècle av. J.-C], l’a été « pour que le fort n’opprime pas le faible ». Cela veut dire : sortir de la loi de la jungle, tout simplement. C’est là où s’introduit l’humanité.
Un sondage publié par « La Croix » le 3 janvier montre l’acceptation croissante de la procréation médicalement assistée (PMA), de la gestation pour autrui (GPA) ou encore du suicide assisté, y compris par les catholiques. Qu’est-ce que cela vous inspire ?
Ce n’est pas parce qu’une majorité pense quelque chose que cette chose est juste. « Tu ne suivras pas une majorité qui veut le mal », est-il écrit dans le livre de l’Exode. Ce sondage est un constat, il n’est pas rassurant. Le pape parle d’une civilisation du déchet. C’est vrai. On peut même parler de la société des encombrants ! Ceux qui nous encombrent, on les jette. Des amis belges m’ont dit que leurs parents avaient intégré le fait que, s’ils n’allaient pas bien, ils devaient disparaître. Ils trouvent normal qu’on les euthanasie. C’est quand même effrayant ! On élimine les personnes handicapées avant qu’elles naissent. Qu’est-ce que cela veut dire ? J’ai soigné des personnes handicapées pendant onze ans. Elles m’ont bien plus appris que tous mes autres patients. Qu’au-delà des apparences, il y a une humanité formidable. Avec eux, on ne peut ni tricher ni porter un masque. La mentalité change, effectivement, mais il y a un véritable enjeu. Il faut se poser, avoir une réflexion de fond sur tous ces sujets.
Le gouvernement veut étoffer l’enseignement du fait religieux à l’école. Quel rôle pouvez-vous avoir ?
Il est dans le rôle de l’Etat de contrôler ce que nous pouvons faire, et notamment s’il fait appel à des religieux. Il y a le fait religieux sous l’angle historique. C’est souvent par là que l’on passe. Mais je pense qu’il faudrait aller plus loin, jusqu’à l’espace théologique. Dans le RER, des musulmans m’interrogent en tant que prêtre. A la fin, ils me disent : « Merci d’avoir parlé de Dieu. » Les musulmans qui mettent leurs enfants dans une école catholique le font parce que, là, on peut « parler de Dieu ».
Il faut aller plus loin que le fait historique. Qu’est-ce que la transcendance ? Pourquoi l’homme prie ? Ne peut-on pas parler de Dieu ? C’est le tabou, Dieu, aujourd’hui ! Ce n’est plus le sexe, c’est Dieu. On n’a pas le droit de parler de Dieu, sinon on gêne.


jueves, 4 de enero de 2018

¿Tres pueden más que dos millones?



¿Tres pueden más que dos millones?

Admito que el título de estas líneas pueda ser tildado de demagógico. De acuerdo, pero verán.

La edición digital de “El Periódico de Catalunya” del día de hoy, en su primera noticia, bajo el titular de “Esperando a Junqueras” comienza con esta frase: “El futuro de la legislatura catalana pasa este jueves por el Tribunal Supremo. A partir de las diez y media de la mañana, Oriol Junqueras intentará que tres magistrados estimen contra pronóstico su recurso y le permitan abandonar la cárcel de Estremera, donde cumple prisión preventiva desde el 2 de noviembre. Pase lo que pase, la decisión tendrá un peso determinante en las negociaciones que los partidos independentistas mantienen sobre la composición del Parlament y sobre la investidura de un nuevo 'president'.”

Decir que esta idea me produce un profundo desasosiego es poco decir. Pero ahora, aquí, solamente sugiero que sería más correcta la noticia con un cambio en su titular: en vez de “Esperando a Junqueras”, habría de poner “Esperando a los jueces del Tribunal Supremo”.


Cuando una decisión del calado de la elección de un president entre unas personas que, legal y legitimanente se han presentado y obtenido el aval de la voluntad de la pretendida soberanía popular en unas elecciones democráticas con dos millones de votos que les han votado, depende de la decisión, igualmente legal y legítima de tres jueces, algo muy serio falla en esa democracia.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Los otros dos bloques en Catalunya


Los otros dos bloques en Catalunya


Una versión reducida de este texto, concluida la misma noche electoral, fue publicada en “El Correo” de Bilbao el día siguiente, 22 de diciembre. Manteniéndolo prácticamente idéntico, con algunos añadidos que retiré del texto que envié a “El Correo” por razones de espacio, lo llevo a este Blog el día hoy, una semana después, con el mismo título.

El artículo de “El Correo” lo envié a varios amigos, bastantes de ellos catalanes. Los comentarios recibidos, todos muy correcta y amigablemente redactados, me confirman, si falta hacía, de la polaridad reinante: “ha ganado el independentismo y él debe gobernar”, “hemos vencido al Estado” etc., sin que falte otro amigo constitucionalista que me dice que, “a fin de cuentas, el 155 ha sido un éxito” y que “como nadie podrá formar gobierno habrá nuevas elecciones en mayo” y entonces se desfondará totalmente el independentismo. Aunque también algunos juzgan positivamente mi texto como “sensato”, y abriendo horizontes. Mientras otros, guardan silencio.

Personalmente, aun consciente de la enorme dificultad de que lo que propongo, o algo similar, salga adelante, sin embargo, me reafirmo, en la bondad intrínseca de mí propuesta: hoy Catalunya necesita un gobierno transversal lo más amplio posible.

El lector de este Blog juzgará.

Los datos definitivos, resultado de la consulta electoral del 21 de diciembre pasado nos dicen que ha aumentado claramente la participación; que este aumento ha sido mayor en Barcelona y en la zona metropolitana, donde se concentra el mayor voto unionista; que sin embargo “JxCat” y ERC se mantienen y suman cuatro escaños más que en 2015; que C´s gana 12 escaños mientras el PP se hunde, en fin que el independentismo, a pesar de perder unos pocos apoyos, por la debacle de la CUP, sigue superando claramente al voto constitucionalista y mantiene la mayoría en el Parlament. En fin, los Comunes bajan un poco.

Con la victoria parlamentaria, aunque pequeña, sería legal y legítimo, que el independentismo, tratara de conformar un gobierno. Por otra parte, C´s, siendo la lista más votada en escaños y en votantes, podría intentar, también legítimamente, conformar un gobierno unionista, aunque los números se lo ponen mucho más difícil. Pero no me gusta ninguna de las dos soluciones. Perpetua unos bloques.
Catalunya lleva meses, incluso años, viviendo momentos dramáticos. Un buen amigo mío, profesor en la Universidad Ramon Llull de Barcelona, Josep Carbonell, próximo a los socialistas, habla de “descenso a los infiernos”. Escribe: “he visto cómo las amistades se han roto, las familias han puesto líneas rojas en sus encuentros para evitar hablar de política y no romperse, he visto a mucha gente gritando tener razón y otros callando perplejos”. Catalunya está rota en dos bloques y los resultados de ayer lo confirman.

Por otra parte, en las últimas fechas se han alzado voces, en el campo académico, social, cultural, religioso, etc., pidiendo restablecer los puentes rotos de la convivencia en Catalunya, así como de “reencontrar el camino de una verdadera y respetuosa cooperación entre el gobierno del Estado y el de la Generalitat, para recomponer el entendimiento, asegurar el bien común de todos los ciudadanos y garantizar el respeto a las legítimas instituciones del autogobierno sin humillaciones", escribe el Arzobispo de La Seu d´Urgell, otro buen amigo catalán, Joan-Enric Vives, según leo en “La Vanguardia” el lunes pasado.
Así mismo, el organismo Justicia y Pau, de clara coloración catalanista y próxima a la Iglesia en un comunicado del pasado 14 de diciembre declaraba que “sean cuales sean los resultados electorales, será urgente abrir un diálogo sincero y una negociación política seria entre los múltiples actores implicados que permita buscar con voluntad y constancia una solución justa, duradera y democrática. Para hacer posible este diálogo y negociación es necesario un escenario que revierta las condiciones de excepcionalidad actuales, reconozca el conflicto, evite la judicialización y garantice el pleno respeto a los derechos humanos. El diálogo sólo será fructífero si se destierran actitudes de confrontación, que usan un lenguaje agresivo o que pretenden la derrota o la humillación del adversario. Con una firme actitud de respeto y escucha hacia las posiciones distintas de la propia y la voluntad de llegar a una solución que cuente con el máximo apoyo social posible”.
Joan Carbonell, ya citado arriba, escribe que “nos hará falta una etapa de reconciliación, de encuentro, de respeto, de afecto. Las heridas tardarán años a cicatrizar, pero no podemos renunciar a buscar la unidad en lugar de la división. Si volvemos a ser un solo pueblo, lo podremos todo”.
En las personas y miembros de los partidos catalanes he percibido talantes diferentes. Entre los miembros de “C´s”, “PP”, la CUP y en no pocos de “JxCat”, hay que mirar con lupa para encontrar un planteamiento realmente conciliador. En el PSC, los Comunes y muchos del ERC, sin embargo, aun defendiendo cada cual sus posiciones, he constatado otro talante. Para mí, estos son los dos bloques principales hoy en Catalunya. El bloque de la intransigencia frente al bloque del entendimiento, más allá de las diferentes opciones políticas acerca de la independencia de Catalunya, en cada uno de los bloques. Creo capital situar el contencioso catalán en el ámbito de la convivencia civil antes que en el de la, por otra parte, legítima divergencia política que, sin embargo, veo radicalizada en una polaridad que lleva, al final, a la ruptura de la sociedad. Algunos, muchos, incluso la mayoría, verán mi planteamiento, mi lectura de la realidad como quimérica, del ámbito de los buenos deseos y no en el de las realidades tangibles. Pero yo defiendo que no es quimérico, sino realistamente utópico lo que sugiero. La quimera es un cuento de hadas, como un articulado de buenos propósitos. La Utopía es otra cosa. La utopía, amén de una ilusión a alcanzar y unos ideales por los que luchar, presupone la toma de conciencia del camino a recorrer, del esfuerzo a invertir, de las inercias a superar, de los conciudadanos a convencer. Para una Catalunya razonablemente cohesionada.  
Políticamente hago mía la opinión de Joan Rigol, ex presidente del Parlamento catalán, quien afirmaba que ha llegado el momento de "recuperar las instituciones y desde allí trabajar para la reconciliación. Se necesita tiempo para digerir estos últimos meses, pero creo que el Estado ha aprendido de lo que ha sucedido. Y nosotros también. Tendremos que renovar el diálogo, pero, como punto de partida, con el reconocimiento de que Cataluña es un sujeto político en sí mismo". (Le Monde, 18/12/12)
Pero, aun si se pusieran de acuerdo, tendrían que superar un escollo de los de 8.000 metros: el sistema judicial que no entiende de otra lógica que la interpretación por cada juez de la letra de la ley. En España, nadie tiene tanto poder, con tantas consecuencias sociales y políticas como la de algunos jueces a tenor del cargo que ocupan. Pero este gravísimo tema exige tratamiento propio.


sábado, 23 de diciembre de 2017

Aprender a vivir en el pluralismo

Aprender a vivir en el pluralismo

Artículo publicado en el Suplemento “Alfa y Omega” de ABC el 21/12/17

Nietzsche en “La Gaya Ciencia” en 1882, escribió que “¡Dios ha muerto y nosotros somos quienes lo hemos matado! (…) ¿No estamos forzados a convertirnos en dioses, al menos para parecer dignos de los dioses? No hubo en el mundo acto más grandioso y las futuras generaciones serán, por este acto, parte de una historia más alta de lo que hasta el presente fue la historia”. Había que matar a Dios para liberar al hombre, haciéndolo dios. Peter Berger, en un libro magistral, “Los numerosos altares de la modernidad” (Sígueme, 2016) recordando este texto, relata la siguiente anécdota: “el área metropolitana de Boston, donde vivo, tiene más universidades y centros de educación superior por kilómetro cuadrado que ninguna otra parte del mundo. A resultas de ello, encontramos algunas de las pegatinas de coche más curiosas. Vi la siguiente, justo saliendo del patio de Harvard: Querido señor Nietzsche: Usted está muerto. Sinceramente suyo: Dios. Esto se acerca bastante a la realidad empírica de nuestro tiempo”.

Pero, el pensamiento de Nietzsche ha anidado, y con fuerza entre nosotros, en Europa y en España. La secularización ha devenido secularismo que no es sino la manifestación de una religión laicista, fundamentalista, excluyente de lo religioso.

El gran sociólogo aragonés, José Casanova, profesor en la Universidad Georgetown de Washington escribe que “para comprender la secularización en Europa es muy importante comprender primero el proceso de confesionalización” (en un trabajo publicado en Deusto “Secularización y laicidad en España y Europa”). En efecto, no se puede entender la fuerte presencia en España del laicismo integrista excluyente de lo religioso en la vida pública, si no se tiene suficiente perspectiva histórica, no tan lejana en el tiempo, cuando la religión católica era, de facto, la religión del Estado Español.

Para superar esta situación necesitamos aprender a vivir en el pluralismo. El pluralismo, amén de una filosofía de vida, es un hecho social empírico, una constatación sociológica planetaria (salvo pocas excepciones, como Corea del Norte, Arabia Saudita…) y supone, en el cristianismo, la superación del Estado de Cristiandad. El pluralismo religioso conlleva la desinstitucionalización política de la religión. En esta situación sociológica, la duda aparece como un elemento esencial. De la fe religiosa sí, pero de la increencia, también.

Ante la duda que concita los pluralismos hay dos respuestas nefastas muy presentes en nuestra sociedad: el relativismo y el fundamentalismo. El relativismo supone que todo vale, que cada cual pueda opinar libremente de lo que quiera. Además, muchos lo hacen con el convencimiento de que esa es la auténtica forma de pensamiento de la modernidad, la forma superior de pensamiento, a la que no se tardará en darle el epíteto y el marchamo de pensamiento tolerante, con lo que prostituimos el término de tolerancia, que queda degradado a la idea de que cada cual puede pensar lo que quiera (sin violencia añaden algunos) sin necesidad de dar cuenta de porqué piensa como piensa. El relativismo conduce al individuo hacia el nihilismo moral; el relativismo socava el consenso moral sin el cual no puede subsistir ninguna sociedad.

El fundamentalismo, es la respuesta del débil que no es capaz de aceptar la duda en su vida y necesita una serie de certezas para estar seguro de lo que dice. Es la consecuencia del miedo al vacío. El fundamentalismo responde a la demanda de superar la incertidumbre. Escribe Berger que “el fundamentalismo balcaniza una sociedad, llevando, o bien a un conflicto permanente, o bien a la coerción totalitaria”.

En este segundo supuesto entronco aquí con el gran filósofo Marcel Gauchet, quien en un libro ya clásico de 1985 “El Desencantamiento del mundo”, y en 2017, en el inmenso cuarto volumen de “L´avènement de la democractie” (no traducido) sostenía la tesis del “cristianismo como la religión de la salida de la religión”, pero no en el sentido “de que la gente ya no cree en Dios. ¡Realmente no creían más en otros tiempos! (….) La salida de la religión es la salida de la organización religiosa del mundo”, lo que obviamente es otra cosa bien distinta. Pero añade que “lo que sucedía en el campo de lo religioso está destinado a recomponerse fuera de la religión”, dando paso a lo que denominará la “teología política y la política anti-teológica”, la substitución, lo digo con mis palabras, del referente heterónomo religioso por el referente heterónomo político. Lo aplica a Donald Trump, cuyas primicias afirma haber conocido en su juventud en el anarquismo: “no he visto tantas personas autoritarias como en el mundo libertario”, escribe.

En nuestra sociedad estamos viviendo este traslado del fundamentalismo religioso (el estado de cristiandad) al fundamentalismo secularista que desea limitar la dimensión religiosa al ámbito de lo privado y a los templos. Nada de misas en la televisión, los belenes a los domicilios privados, eliminación de cruces en los lugares públicos, no digamos de capillas etc., etc. Sí, vivir el pluralismo respetuoso del otro es una asignatura todavía pendiente en muchos españoles. Creyentes y no creyentes.

Javier Elzo

Catedrático Emérito de Sociología. Universidad de Deusto

El rechazo al nacionalismo

El rechazo al nacionalismo

Una versión reducida de este texto se publicó en DEIA y en “Noticias de Gipuzkoa” el 15 de diciembre de 2017


El nacionalismo tiene mala prensa. Muy mala. Hay que buscar con lupa un texto en el que se alaben las virtudes del nacionalismo. Incluso quienes se dicen nacionalistas, cuando están fuera del círculo de amigos o de otros nacionalistas, se expresan, frecuentemente, como tales nacionalistas, con toda suerte de circunloquios: nacionalista abierto, en nada etnicista ni xenófobo, menos aún racista; nacionalista sí, pero de izquierdas (ser nacionalista y de derechas puede ser lo peor de lo peor y tildado de fascista como poco) moderadamente nacionalista etc., etc. Por el contrario, la crítica al nacionalismo aparece por doquier, en la derecha como en la izquierda, en el poder como en la oposición, entre laicos como entre religiosos, etc. Pero, según desde donde se hable, se puede tildar como nacionalistas a colectivos bien diferentes. Es lo que trato de mostrar en estas líneas, con textos recientes, provenientes de ámbitos y sensibilidades políticas diferentes. Básicamente retendré, con alguna excepción, posiciones anti- nacionalistas por personas o colectivos tenidos como bastante moderados o, al menos, no extremistas. 

El líder del PSC, Miquel Iceta, ha reprochado al alcalde de Gimenells, Dante Pérez, que se haya ido con "los nacionalistas del PP", después de que el edil leridano fichara ayer por el PP horas después de romper el carné socialista por "no querer compartir partido, dijo, con los nacionalistas de Unió". (EFE 10/11/17). Para Iceta, la maldad no parece residir en que el alcalde de su partido lo haya abandonado para pasarse al PP, sino que lo haga prefiriendo el nacionalismo del PP al de Unió.

Según refiere la misma agencia EFE (19/11/17), el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, ha llamado a aprovechar el 21D para "poner fin al nacionalismo y su idea caduca", que ha definido como "un veneno que puede enfermar a Europa", y acabar con "40 años donde el nacionalismo nos ha marcado la agenda". Rivera ha dicho a los "nostálgicos", en alusión a PP y PSOE, que "el bipartidismo y el pasteleo con los nacionalistas ha muerto" porque "el pueblo español ya no lo tolera" y porque "ha llegado Ciudadanos".
"Ciudadanos es la alternativa ciudadana frente a la hegemonía nacionalista" ha añadido, y la apuesta por "valores cívicos no identitarios". y es la garantía para lograr una "Cataluña libre, sí: pero de corrupción, de imposición y de nacionalismo". Recuérdese que votó en contra del Cupo vasco el pasado 23 de noviembre en el Parlamento de Madrid.
Claro que la idea de que el nacionalismo es un veneno ha debido tomarla, Albert Rivera, nada menos que de Juncker, el presidente de la Comisión Europea quien en una entrevista al diario “El País” del día anterior declaraba que “el nacionalismo es veneno. (…) Estoy a favor de la Europa de las regiones: de respetar la identidad, la diferencia. Pero eso no supone que vayamos a seguir a esas regiones en todas sus aventuras, que a veces son un tremendo error”. Y ya refiriéndose a Catalunya, añade: “El Gobierno y la Generalitat pueden discutir el grado de autonomía, pero Europa es un club de naciones, y no acepto que las regiones vayan contra las naciones. Menos aún fuera de la ley”. ¡Acabáramos! El nacionalismo malo es el de las regiones, no el de las naciones estado. Pero, como veremos inmediatamente, no piensa lo mismo, Enrico Letta, quien fuera primer ministro de Italia.

No entro hoy, aquí, en el tema del cumplimiento de la ley, aunque no sin señalar, que hay muchas leyes no cumplidas. El Estatuto de Gernika es un clamoroso ejemplo de ello. (Ya sé que no es lo mismo, pero no hay nunca dos situaciones históricas idénticas). Quiero subrayar la idea clave de una concepción de Europa como club de naciones, club frente al que las regiones solo les queda doblegarse.

He concluido la lectura del reciente libro de Enrico Letta “Hacer Europa y no la guerra”, Península 2017. Letta es un político de cultura democristiana, que además de primer ministro en Italia, tras haber sido ministro de Asuntos Exteriores, actualmente, entre otras cosas, es el presidente del Instituto Jacques Delors. Letta tiene un perfil con el que “a priori” yo comulgaría. Ha escrito un breve libro, con aspectos interesantes, otros criticables. Al final, la lectura de libro, junto a algunos capítulos francamente interesantes, suscita más preguntas de las que pretende resolver. A mi juicio, obviamente.

Para Letta, uno de los principales problemas de Europa radica en los nacionalismos. Pensando en la Unión Europea, escribe que “se perfila un nuevo bipartidismo político entre globalistas y nacionalistas, como vimos en la última campaña presidencial francesa” (P. 72). Léase todo el capítulo y se constatará que Letta piensa, exclusivamente, en los nacionalismos de Estado, el francés, inglés, alemán, italiano etc. No menta en absoluto los nacionalismos de los países sin estado, como el vasco, catalán, escocés, flamenco etc. Y cuando habla de vascos, bretones, andaluces, alsacianos, lombardos o sicilianos, lo hace como “hijos de una misma familia” (p. 95): la familia del estado al que pertenecen. Para Letta esto es muy claro. La familia es el Estado, lo que, así dicho, sin matiz alguno, es insostenible. Doy un ejemplo fuera de España para no cortocircuitar la lectura de estas líneas.

Habiendo estudiado en Lovaina y manteniendo relación desde hace 50 años con Bélgica, resulta imposible decir que flamencos y valores pertenecen a la misma familia. Son circunstancias concretas (entre otras que Bruselas en territorio flamenca se habla básicamente francés, aunque en la actualidad también inglés, árabe, español…). En la misma página 95 del libro de Letta podemos leer que “la misión de Europa no es borrar los Estados. Tampoco constituye un superestado. Cuanto se aborda a nivel europeo debe hacerse así porque no puede hacerse a nivel nacional (…). Pero no es posible reducir a Europa a un nivel pertinente de acción, a una escala eficaz (…) sino también a un sentimiento de pertenencia a Europa que podamos experimentar en el interior”.

¡Ay!, no salimos de la Europa de los estados, de las naciones-estado, más que por razones de eficacia ante el poderío de los países emergentes, de Asia y del traslado del centro de gravedad del planeta del Atlántico al Pacifico. Los países sin estado, incluso los que tienen un gran sentimiento europeísta como Escocia, Flandes, Euskadi, Catalunya etc., quedan sencillamente arrinconados y como protesten … miren lo que está pasando en Catalunya. Algún día habrá que detenerse a pensar el porqué de la mala fama del término nacionalista y a qué realidades sociopolíticas se aplica, y quién las aplica. 

En la Iglesia Católica, en España, a cuenta del conflicto catalán se ha vuelto a escuchar aquello de que “la unidad de España es un bien moral”. Y cosas aún más fuertes. He aquí un par de ejemplos. El cardenal Fernando Sebastian ha escrito un artículo que ha titulado “Catalunya querida”, titular que, a juicio del historiador y monje de Monserrat Hilari Raguer, suena a sarcasmo. En efecto escribe Sebastián: “El nacionalismo es siempre victimista, pero es victimista porque antes, y más profundamente, es egoísta, se cree más que los demás y quiere más que los demás. Es egoísta e insolidario. Pretende estar solo para vivir mejor (…) Y algo tiene que ver también en todo esto la descristianización galopante que está sufriendo Cataluña en estos años. El independentismo descristianiza y la descristianización favorece el independentismo”. (En Vida Nueva nº 3.056, Octubre-Noviembre 2017). ¡Qué cosas hay que leer! No había leído nunca que independentismo y descristianización hacían pareja.

Pero no se queda atrás el Cardenal Cañizares. En una entrevista a la pregunta de si “se puede ser independentista y un buen católico”, responde esto: “En el caso de la secesión, no. Lo digo cuando se trata de países democráticos. No se puede ser católico en Italia y defender el secesionismo”. Pero piensa en España cuando declara “que (en la Conferencia Episcopal española) deberíamos entrar más a fondo en el tema de la unidad de España, del valor moral de la unidad de España. El problema de los nacionalismos no es exclusivo de nuestro país. Está en Italia con el norte, en Francia con Córcega, en Alemania con Baviera, en Bélgica con Flandes, en Reino Unido con Escocia.... Es un tema muy actual. Sería muy oportuno que en estos momentos se hiciese una calificación de la no legitimidad del secesionismo en países democráticos”. (De una entrevista en “La Razón”, 26 /11/17)

Para Sebastián independentismo y descristianización van de la mano. Para Cañizares un buen católico no puede ser independentista. Si, la sombra del nacional - catolicismo español es muy alargada y sigue vigente.

Ya que este artículo iba de citaciones, permítanme que lo concluya con el gran Edgar Morin cuando escribía (Le Monde 30/04/17) que “la división izquierda-derecha es invisible en la economía y en la política exterior. y, en su lugar vivimos una alternativa estéril entre la globalización y la región, entre Europa y la nación, entre americanización y soberanismo, cuando habría que promover la independencia en la interdependencia, aceptar la globalización en todo lo que suponga cooperación y cultura, mientras que los territorios están amenazados de desertificación” (…) “Se trata de mantener y proteger la nación en la apertura a Europa y al mundo. Debemos ir más allá de la alternativa estéril entre la globalización y el nacionalismo”.


Pero pocos políticos y cardenales leen a Edgar Morín quien defiende la independencia en la interdependencia. Si les parece un trabalenguas quédense con la soberanía compartida. Es que además no hay otra, aunque los unionistas quieran no verlo. Claro que algunos independentistas tampoco.

sábado, 2 de diciembre de 2017

Una mirada rigurosa al planeta de 2050

Una mirada rigurosa al planeta de 2050

(Una redacción bastante abreviada de este texto se ha publicado en DEIA y en Noticias de Gipuzkoa el 02/12/17)

En un libro excepcional, todavía no traducido al castellano, - pero ¿lo traducirán? - , del bearnés afincando en Baiona, Michel Camdessus, quien fuera director general del FMI y gobernador del Banco de Francia, titulado “Vers le monde de 2050”. Fayard 2017, traigo aquí lo que él considera (en reflexión con un grupo de trabajo planetario de primer nivel) las grandes tendencias del mundo con la vista puesta en 2050. Son estas:

La cuestión demográfica: un mundo de viejos (Europa), un continente de jóvenes (África). Las previsiones demográficas son formales. En Europa, de 738 millones de personas en 2015 pasaremos a ser 640 en 2100, y muy envejecidos. África de 1.200 millones en 2015 se prevé que tendrá 4.400 millones en 2100, en una población mundial estimada en 11.200 millones de personas. Será la reserva juvenil del planeta. Y el mar Mediterráneo es el “rio Grande” que nos separa de ellos. Y no hay, ni habrá, muro ni Trump que impida que los tengamos entre nosotros. Camdessus lo dice así: “de la forma como gestionemos en los próximos 35 años la caída demográfica de Europa y el doblamiento de la población africana, dependerá el futuro de la humanidad”.

Un mundo en crecimiento continuado. El escenario más probable habla de un crecimiento medio anual del 4%, en el periodo 2016-2050, en los países emergentes y en desarrollo. El mundo será mucho más rico. La renta media mundial por persona habrá pasado de 15.000 euros en la actualidad a 35.000 Euros en 2050. Insisto que las cifras hablan de rentas medias, pues la desigualdades sociales irán en aumento, aunque, salvo bolsas de pobreza, hasta los más pobres, serán menos pobres. Pero, insisto en ello, en valores absolutos, no en comparación con los más ricos. Los índices de pobreza son relativos, relacionados con los niveles de bienestar del conjunto poblacional de referencia.

El gran avance de las economías emergentes. Los países llamados emergentes (China, India, Brasil, Indonesia, México, Rusia y Turquía) pesarán más del 50 % del PIB mundial, mientras que los del G7 (Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia y Japón) disminuirán al 20 %, cuando en 1980 representaban el 52 % del PIB mundial. El centro del mundo ya ha basculado del Atlántico al Pacifico. Sin embargo, el PIB por cabeza será de 78.700 dólares en los países del G7, mientras que en los países emergentes se quedará en 29.000. Camdessus señala, y será una de sus ideas básicas, que una nueva gobernanza mundial se impone. También apunta, con datos, que ningún país europeo en 2050, tendrá peso suficiente para sentarse en el Club de dirigentes del planeta, salvo que se unan en una Europa fuerte. Lo que exige, añado yo, acabar de una vez por todas con la pretendida soberanía de los Estados-Nación. Actuales o futuros.

Una urbanización galopante. Peor aún, si todo sigue igual, vamos a un gigantismo de grandes urbes: Tokio 38 millones de habitantes, Shanghái 35, Yakarta 31, Delhi 25…. Gigantismo de empresas, con poderes en pocas manos, desertización rural de personas que van a mal vivir en inmensas concentraciones urbanas. En 2050, en una población mundial de 9.700 millones de personas, 2.000 millones corren el riesgo (según Naciones Unidas) de vivir en bidonvilles, en favelas, ciudades de miseria…¡Y se organizan Congresos millonarios, a 990 € la entrada, sobre los “Smart city”!. ¡Ciudades inteligentes!

Globalización de las finanzas: mercados financieros más integrados y estables. Este es un tema en el que Camdessus invierte, en la segunda parte de su libro, bastantes páginas. Por algo fue director del FMI. Dos de sus ideas retengo aquí: la absoluta necesidad de regular los mercados financieros si no queremos car de nuevo en otra crisis mundial (hipótesis que no descarta y que apunta en varios momentos del libro) y la absoluta necesidad de que las finanzas estén al servicio de la economía, luego de la sociedad. La fluctuación endogámica de las finanzas, en busca de aumentar los números en las pantallas del ordenador, destruyendo las economías de algunos países, sin regulación alguna, es un potente factor criminógeno, todavía no controlado.

La explosión de las clases medias en las economías en desarrollo. Nada de eso ocurre entre nosotros (en Euskadi como en España), donde, como consecuencia de las crisis de 2008, parte de la clase media baja ha descendido hacia la clase baja. Pero, nosotros, formamos parte de las economías ya desarrolladas y no de las “economías en desarrollo”, en las que, según prospectivas que aporta Camdessus, en 2050, el 82% de la población mundial pertenecerá a las clases medias o altas. El gran salto se producirá, sobre todo en América Latina y en Asia. Camdessus es rotundo: “por primera vez en la historia, la mayoría de la humanidad la conformará la clase media” (p.62). Claro que habrá que ver tener en cuenta para ello el aspecto que refiere a continuación.
 
La escasez creciente de los recursos naturales. En efecto algunos bienes básicos como el agua, fuentes de energía, ciertos minerales para las últimas tecnologías, terrenos cultivables etc., etc., serán insuficientes si los nuevos miembros de las clases medias, adoptan el modelo de consumo desenfrenado y el estilo de vida de las actuales clases medias del mundo opulento. Esta situación nos lleva a una “guerra” por el control de esos bienes. Para superar ese riesgo, Camdessus aboga por una moderación en los hábitos de vida y una gobernanza planetaria. Apuestas que desarrollará en la segunda parte de su libro.

El cambio climático: es urgente actuar. La conferencia de Paris de diciembre de 2015 alcanzó un consenso inaudito en 196 países, sobre las causas del cambio climático en la que la acción humana, en gran parte con la fuerte emisión de gas carbónico, es determinante. Si los compromisos de Paris se mantuvieran “la perspectiva de aumento en los próximos cincuenta años, sería mas de tres que de dos grados, lo que haría inhabitable parte del planeta, particularmente África” donde reside la mayor concentración de población joven. Pero, con Trump en EEUU y con los comportamientos de China, ya se puede decir que no se van a cumplir los acuerdos de Paris de 2015. El 13 de noviembre de 2017, 15.364 científicos de 184 países publicaron un grito de alarma sobre el estado del planeta, apelando a la acción de la sociedad civil. Proponen una serie de medidas concretas.  http://abonnes.lemonde.fr/planete/article/2017/11/13/le-cri-d-alarme-de-quinze-mille-scientifiques-sur-l-etat-de-la-planete_5214185_3244.html

He aquí algunas:

        Privilegiar las reservas naturales y. si es posible, conectarlas
        Suprimir toda deforestación en el planeta
        Impedir la eliminación de animales en extinción, particularmente los grandes depredadores para mantener el equilibrio ecológico
        Reducir el despilfarro alimenticio y reducir el consumo de carne animal y reorientarla hacia la alimentación de origen vegetal
        Reducir la tasa de fecundidad en determinados países.
        Sensibilizar y educar a los niños en la relación con la naturaleza
        Promover fuentes de energía verdes
        Reducir las desigualdades sociales en el planeta


Un progreso tecnológico fulgurante. Los microprocesadores doblan su velocidad cada 18 meses, reduciendo el precio. En 2050, un solo ordenador tendrá la capacidad de todos los actuales ordenadores de Silicon Valley. Las ventajas para la sanidad parecen gigantescas. No pocos apuestan por el movimiento transhumanista, que no solamente prolongará vida a los 200 y más años. Algunos sueñan con abolir la muerte. Además, ya estamos en la era eugenésica. Ya es posible manipular el embrión para que salgan “chicos rubios con ojos azules” o producir Bill Gates en cadena, esto es, personas super - inteligentes. El mundo feliz de Aldous Huxley. Entre tanto trabajamos gratis para las GAFA, siglas de G-oogle, A-pple, F-acebook y A-mazon. Sin cobrar y algunos hasta pagamos por trabajar para ellas. “La técnica incontrolada sirve básicamente para esclavizar al hombre. La economía está igualmente incontrolada” (Edgar Morin, Paris 21/09/14).

Las nuevas caras de la violencia. Básicamente con esta expresión se está pensando en la violencia terrorista de signo islamista que ha adquirido una dimensión prácticamente planetaria. Esta violencia se caracteriza más por el miedo que provoca (de ahí la apelación de terrorista) que por el número de muertos que genera. No recuerdo quien dijo que la violencia tradicional, particularmente las guerras entre países, matan estadísticamente, la violencia terrorista simbólicamente. Actualmente hay pocas guerras entre países. Hay mas guerras civiles en el interior de algunos países y la violencia terrorista. Quiero añadir que, a menudo, la lucha antiterrorista no respeta los DDHH. Así, el 15 de noviembre de 2017, la Liga de los DDHH en Francia ha sometido al Tribunal Constitucional de su país cuatro cuestiones acerca de una ley, muy mayoritariamente aprobada, apenas 15 días antes en el Parlamento francés.   

Mirando al futuro

Michel Camdessus dedica dos terceras partes de su libro a presentar los 5 objetivos más urgentes para las próximas tres décadas. En primer y principal lugar “erradicar la pobreza”. Estima que es posible lograrlo en más del 80 % del planeta, previendo en 2050, todavía, una gran bolsa de pobreza en África. 2º objetivo: unas finanzas controladas y al servicio de la economía, luego de la sociedad, con los paraísos fiscales ya eliminados. 3º Una nueva gobernanza para un mundo multipolar, multiétnico para no caer en un G2: EEUU y China (con permiso de India). 4º. Aplicar un poso de sabiduría ante los cambios climáticos y la escasez de recursos energéticos y 5º, pero no el menos importante, otro estilo de vida más sobrio, otra ética mundial, a nivel social y personal.


Libro magistral. Confío que lo traduzcan pronto. Entre tanto, que traigan a Camdessus a Hegoalde para darnos un par de conferencias en castellano.